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Testimonio Joserra Jareño | 27 años

Al habla Joserra, un ubetense de 27 años, dedicado en vida a buscar tanto su vocación personal como las alas que algún día nos guardaron en algún baúl recóndito del mundo,de nosotros, para luego ofrecernos el juego del escondite con ellas. Al final, de tantas veces que te caes, entre la sangre y las lágrimas, encuentras llaves para mantener dada la luz del camino. No sabemos cómo de largo es el camino… Bueno que me enrollo xD

Tengo el grado en Educación Primaria y nunca trabajé como profe “oficialmente”, casi 8 años haciéndolo de forma altruista  y no formal. Muchos tiros dados en diversos ámbitos profesionales hasta quitarle el palo al ciego y darle a algunas teclas. Ahora ya parece que va sonando mejor. 

Realmente solo soy un ciudadano del mundo más, cuya vocación no se limita a lo concreto si no a la ambigüedad de la falta de lógica de este mundo: ayudar a las personas con reciprocidad a la vez que me reencuentro conmigo mismo. Ofrecer, aportar o apartar, compartir, soñar, volar, divagar, trasmitir, curarnos mientras soltamos y confiamos… Son algunas de mis aficiones, entre otras la escritura y la escucha, ya sea música, silencio, la espuma de un mar o los vientos en un bosque. 

Aquí va mi reflexión personal en un autobús que llega tarde y entra tanta falta de paciencia en este mundo, el viento me trae a un sitio que seguramente me permitirá saber que nunca es tarde para nada. Esta EVS es algo que llevo queriendo hacer mucho tiempo y hoy se cumple ese deseo. Si lo crees lo creas. 

Siempre se quedó en el tintero la idea de volar y salir del nido. 

Manos que te agarran ante la envidia ignorante del ser feliz y la educación maldita que te enseña el cogerle gustillo al miedo. Al final se salta y si confías, vuelas. Eso sí, no mires atrás, a no ser que quieras coger impulso y pide siempre lo que más desees, que ahora mismo por suerte, sigue siendo gratis. 

Solo necesitamos estar vivos para ello, así que usémoslo. 

Siempre NO al porque sí…

Siempre NO, al pensar y al repensar, que para eso escribimos, que para eso amamos... 

Ya anda el futuro generando falsos juicios de conciencia y de moral, haciendo como el que lo sabe todo. Como diciendo que qué más le queda a la vida... mientras se engrisece de horas sentado. 

Parece más miedo que otra cosa. 

Este, se esconde con máscaras tras pensamientos en norias que ametrallan el cerebro con juicios y embustes que en el momento te los crees y te provocan cambios en las ganas y distintas formas de poner la cara. 

Luego si, se pasará... y claro que se permiten las caídas, pero no con tanto avasallamiento. Permitir es necesario y por algún lado tendrá que salir, ya que son emociones en flor, deseos de muchos días, quereles que llegaron y hoy se presentaron...

Deseos hechos por apretar la fé, por creérselo y al final crearlo, por los pasos que le marcas al destino. 

Vienen tiempos de cambio, de someter a las riendas sueltas de lo imaginado, toca pervertir esas ideas establecidas tocando y corriendo al mirar. 

Es la hora de comerse el mundo sin saber aún si hay cuchara, tenedor o manos... 

“¡Que me gusta a mí un camino!” diría el caminante. 

Sin pensar en el destino, se atonta en las horas de viaje y se emboba en el monótono verdor de la travesía. 

“Lo que importa es el procedimiento”, decía el profe de mates ante mis dispares resultados.

“Goza hoy la recompensa del mañana” o “disfruta del camino” dirían mis libros y mis pájaros. 

¡Y qué alto me llevaron! ay que ver… 

Pero hoy a mis 27 y con algunos caminos ya andados, sigo sintiendo el tacto del miedo acariciar mis entrañas en este deseado momento, susurrándome al oido canciones de desamor y melancolías, aunque ese no sea del todo el sentido del autor. 

Trato de aliviar lo que diría mañana el niño y lo que terminará siendo sin pensar en resultados. Aún así, empeñado en garabatear y ordenar mis muebles, sale a la luz lo que siempre señalé: el ignoro. 

Rizando el rizo quiero seguir sabiendo menos cuando vuelva de este año, porque ese algo quizá sea la excusa perfecta para llamarme ignorante una vez más. Y déjame que siga queriendo ser ignorante aunque me dedique en vida a tratar de curarla, y que yo solo sé que no sé nada, dirían filósofos casposos, con más razones que santos. 

Joserra. Septiembre 19

 

Joserra Jareño